Enfermedades que afectan la fertilidad del gallo de engorde
La producción de pollos de engorde depende directamente de la eficiencia reproductiva de los machos, ya que un solo gallo es responsable de fecundar a un grupo numeroso de hembras. Sin embargo, existen patologías que pueden comprometer seriamente su capacidad para procrear.
Una de las más comunes es la salmonelosis, causada por bacterias del género Salmonella. Esta enfermedad no solo afecta la salud general del ave, sino que puede localizarse en los testículos, provocando inflamaciones crónicas que reducen drásticamente la calidad y cantidad del esperma producido.
Otra amenaza recurrente en las granjas es la bronquitis infecciosa, un virus que, aunque suele asociarse a problemas respiratorios, tiene un impacto sistémico. En los machos reproductores, este virus puede causar daños en los conductos encargados de transportar el semen. Según diversos estudios avícolas, las secuelas de una infección mal controlada pueden resultar en una baja tasa de huevos fértiles, ya que el sistema reproductivo del ave queda debilitado de forma permanente, incluso después de que los síntomas respiratorios han desaparecido.
El cólera aviar, provocado por la bacteria Pasteurella multocida, es también un factor crítico. En su forma crónica, esta enfermedad tiende a localizarse en diferentes tejidos, incluyendo el aparato reproductor. Los gallos afectados presentan una disminución notable en su libido o deseo sexual, además de sufrir daños físicos que les impiden realizar el proceso de monta de manera efectiva. Esto genera un vacío en la producción, pues el macho deja de ser funcional dentro del lote mucho antes de lo previsto.
No podemos olvidar el impacto de las enfermedades metabólicas y nutricionales, como el exceso de peso o la deficiencia de vitaminas clave (A y E). Aunque no son «infecciosas» en el sentido tradicional, actúan como una patología funcional. El sobrepeso en los reproductores pesados provoca problemas en las patas (pododermatitis), lo que hace que el gallo sienta dolor al intentar aparearse. Si el macho no puede sostenerse correctamente, la transferencia de semen falla, resultando en una infertilidad mecánica que afecta la rentabilidad del lote.
La prevención mediante calendarios de vacunación estrictos y una bioseguridad rigurosa es la mejor herramienta para el productor. Fuentes especializadas en medicina aviar coinciden en que un manejo deficiente del ambiente -como altas temperaturas o mala ventilación- potencia el efecto de estas enfermedades, estresando al ave y reduciendo su conteo espermático. Mantener un macho sano no es solo cuestión de evitar su muerte, sino de asegurar que su capacidad genética se transmita con éxito a la siguiente generación de pollos.

